miércoles, 30 de septiembre de 2015

Porque tenían cosas que decir

Videopoesía inspirada en un poema de Charles Bukowski.
Seminario Diseño Audiovisual (UNSAM)



Los recuerdos y la nostalgia de un pasado mejor. Una mirada en perspectiva de los sueños, la contaminación del alma y la gente que ya no está.

Duración: 2':40"
Realizado por:
Matías De Rose
Tomás Dicovskiy
Ariel Espósito
Mariano Santos
Juan Ángel Aiesi

miércoles, 9 de septiembre de 2015

RIQUELME: “Quiero que Boca vuelva a ser un club de fútbol”

Nota publicada en Guay, suplemento juvenil del diario Miradas al Sur.


El ídolo xeneize protagonizó una charla ante más de 700 personas en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), organizada por el presidente del Partido Justicialista porteño, Víctor Santa María. Durante el evento, Juan Román Riquelme recibió la distinción de Personalidad Destacada del Deporte de la Provincia de Buenos Aires de la mano del senador Santiago Carreras.

Por Matías De Rose


“Yo soy hincha, no soy de ningún dirigente" / Foto: Federico Frau Barros
En una emotiva jornada para los nostálgicos hinchas de Boca y los aficionados futboleros, el “diez” habló de todo e hizo un repaso por los momentos más destacados de su carrera. Fiel a su estilo, respondió preguntas de la prensa y de alumnos de Educación Física y Deporte que cursan en la UMET, en el marco del reconocimiento otorgado por el senador provincial Santiago Carreras, quien impulsó el proyecto que se transformó en ley por unanimidad en ambas cámaras de la Legislatura Provincial. Al comienzo de la charla moderada por Gonzalo Bonadeo, Riquelme agradeció a todos los hinchas presentes y a las más de dos mil personas que quedaron afuera y vieron la charla en una pantalla gigante montada sobre la calle Sarmiento.

“Sólo te pido seis meses más”, fue la súplica que entonó el desbordado público desde cada sector del auditorio, a lo que el enganche respondió con sutileza: “Cumplí todos mis sueños. Creo que para el hincha hubiese sido lindo que me retirara con la camiseta de Boca. Para mí también pero fue una decisión que he pensado mucho. Hice lo que tenía que hacer porque tengo principios”.

Con esta declaración, la charla comenzaba con dos temas ineludibles: su futuro en el club y su enfrentamiento con el presidente de Boca, Daniel Angelici. “Yo soy hincha, no soy de ningún dirigente. El día que me sienta preparado para ser entrenador o presidente de mi club, lo comunicaré. Pero hoy en día disfruto de hacer cosas que antes no podía. Quiero que Boca vuelva a ser un club de fútbol”.

Sin embargo, prefirió no opinar tanto del presente futbolístico del equipo ya que “en unos meses hay elecciones y si opino mucho de los superclásicos de la copa, mañana van a haber muchos que van a decir que yo aprovecho los momentos malos del equipo”.

De todas maneras ratificó su impresión sobre el conjunto del “Vasco” Arruabarrena y el episodio del gas pimienta en la Bombonera: “Hubo un inconveniente que no puede pasar en ninguna cancha. Tuvimos la suerte de que ningún jugador de River salió lastimado. Primero que nada está la salud de los jugadores, tengan la camiseta que tengan”, reflexionó entre aplausos. “Durante el primer tiempo, esa noche no pateamos ni una vez al arco. A medida que van pasando los partidos y los meses sigo sosteniendo lo mismo que dije hace un año: Boca corre mucho y pelea mucho. Juega muy poquito”.

Al ser consultado por Bonadeo sobre el insistente cuestionamiento de la prensa de señalarlo como un líder negativo, Román fue clarito. Agradeció a todos los periodistas presentes y les aclaró: “Sé que varios periodistas son amigos de muchos jugadores y le dan para adelante para no criticarlos porque sino se enojan, y así vamos vendiendo al líder negativo o al líder positivo. El que no le da bola a la prensa es negativo. Y al final el que juega bien, juega bien. Eso del referente, el líder, es todo mentira”.

También hubo un momento para recordar sus inicios más lejanos. Relatos llenos de emoción que describen el comienzo de tan brillante carrera y develan a la vez la humildad de un jugador que lo ganó todo y nunca olvidó sus raíces. “De Don Torcuato me acuerdo de todo” -cuenta- “porque mis amigos son todos de ahí. Me compré mi casa en el '95, a una cuadra y media de donde nací. A mí me ayudó mucho y a mis hijos también. Hubiese sido muy fácil irse a un country con colegio pero quería que ellos vivan la realidad del día a dia, y creo que eso les ha hecho muy bien”.


Para el cierre, al entregarle el diploma en reconocimiento como Personalidad Destacada del Deporte por Ley de la Provincia de Buenos Aires, Santiago Carreras sostuvo: "Nos hiciste llorar, sonreír, nos entregaste todo como jugador como persona, fuiste un rebelde con causa, sos un ejemplo de la vida, un norte para seguir". Y concluyó: "Más allá de este reconocimiento, tu mejor lugar es estar en el corazón de la gente”.

martes, 25 de agosto de 2015

Los ojos de América

Nota publicada en Guay, suplemento juvenil del diario Miradas al Sur.

Entrevista a Daiana Rosenfeld, directora de “Los ojos de América”. – Por Matías De Rose

Los ojos de América (Amor y anarquía)

El jueves 20 se estrenó en el cine Gaumont -espacio INCAA- Los Ojos de América, documental ganador del concurso DOCTV Latinoamérica IV. Dirigido por Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto, trata sobre la apasionada historia de amor que protagonizaron los anarquistas América Scarfó y Severino Di Giovanni en los albores de la década infame.


América Scarfó protagonizó una apasionada historia de amor. Una de las más polémicas que hubo en la Argentina, considerando que las mujeres, por aquel entonces, no gozaban de muchas de las libertades y derechos que posteriormente irían conquistando. En 1929, con catorce años de edad, América conoció a Severino Di Giovanni (27), el anarquista expropiador más buscado del país en la década del '20, y se enamoraron rápidamente. 

Di Giovanni era un joven italiano que, como muchos otros, decidió exiliarse en la Argentina tras el establecimiento del fascismo de Mussolinni en Italia. Se había casado con su prima Teresa Masciulli, con quien tuvo tres hijos una vez establecidos en Morón, provincia de Buenos Aires. Pero nada, ni la edad ni las convenciones sociales ni los prejuicios, pudieron impedir que su amor hacia aquella niña prosperara. Con América se identificaban, además, en los ideales libertarios de un movimiento político y social que tuvo un peso muy fuerte en la Argentina anterior a la dictadura militar de José Félix Uriburu (1930-1932). 

Una las realizadoras del documental, Daiana Rosenfeld, destaca la búsqueda de “una historia de amor tan apasionada en un contexto histórico como la década del ´20 en nuestro país: un momento signado por el anarquismo, la lucha por el cambio social, por pensar en un mundo diferente posible”. Y añade que “con la llegada de los inmigrantes, sobre todo italianos y españoles, arribó también la idea de un cambio social, con aires libertarios y horizontales, con ideas revolucionarias que la primera dictadura militar y los magnates imperialistas de turno intentaron exterminar. En ese sentido, la muerte de Severino y Paulino Scarfó -hermano de América-, el show mediático que se generó alrededor de tan salvaje hecho de pena de muerte, la cobertura de los medios de comunicación, habla de un momento histórico y de una sociedad que no estaba preparada para el cambio, un pueblo que no quería ser libre”.

A partir de documentos personales extraídos de Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, un ensayo del escritor Osvaldo Bayer, testimonios y sobre todo de las cartas de amor que Severino le enviaba a su amada, se va reconstruyendo la consolidación de la relación. Es por esta razón que el documental exhibe una narrativa epistolar que da cuenta de los detalles de su intimidad. Hubo entre ellos encuentros clandestinos y visitas fugaces, hasta que finalmente juntos comenzaron un proyecto de vida con una economía autosuficiente y una organización horizontal, que era consecuente con sus ideas, y que concluye cuando a Severino lo fusilan en al año 1931, a los 29 años de edad. Desde ese momento América se refugió en el anonimato.

Es interesante la apuesta en términos visuales, compuesta por recreaciones, imágenes simbólicas y fotografías llenas de vida, de manera que la mirada de Di Giovanni en primer plano cobra una inquietante presencia; sus ojos están llenos de brillo y de preguntas. Según Rosenfeld, “una búsqueda más poética que estrictamente documental es interesante para reflejar una cierta intimidad que hace de espejo con un contexto social y político de la época. En ese sentido y al usar como documentos principales las cartas, fue necesario una reconstrucción visual más acorde con los relatos en cuanto a la forma, por eso la estética en ese punto es más jugada. Además, el archivo audiovisual y fotográfico era muy escaso y fue necesario apuntar a recrear una atmósfera acorde con la narración”.

Este documental surgió de una investigación sobre mujeres anarquistas de la Argentina, tema que la realizadora seguirá recorriendo en su próximo trabajo, cuando reconstruya la vida de Salvadora Medina Onrubia. Anarquista, teósofa, dramaturga y poeta, la esposa de Natalio Botana, el fundador del Diario Crítica. La historia indaga en la vida de Salvadora desde una reconstrucción subjetiva acerca del mundo: como mujer, como madre soltera a los dieciséis años en la década del ´10, como dramaturga y como anarquista.

“Me interesa rescatar los valores del anarquismo” -reflexiona- “aquellos que llegaron a fines del siglo XIX y comienzos del XX para hablarnos de la libertad individual y colectiva, de un cambio profundo, de la igualdad y la humanidad, del ser consecuente a nivel cotidiano con las acciones que uno lleva a cabo. Como dice América en la carta que le enviaba al pensador francés Emile Armand: "No hay que contentarse con esperar, sino que se hace necesaria nuestra acción cotidiana. Hay que liberarse de prejuicios, falsedades morales y códigos absurdos".

Trailer:



Ficha técnica:

Los Ojos de América (Argentina, 2015). Documental histórico. 

Dirección, guión, producción, fotografía y montaje: Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto.
Dirección de sonido: Gaspar Scheuer.
Música: Martín Rodríguez.
Motion Graphics: Fernando Motrel.
Dirección de arte: Viviana Haimovitz.
Asistente de producción: Mía Cardeña Haro.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Detrás de la fachada

Nota publicada en Guay, suplemento juvenil del diario Miradas al Sur

El jueves 13 se estrenó El Clan, dirigida por Pablo Trapero. El film narra la historia de los Puccio, la familia que conmocionó a la sociedad argentina de los años '80.

Por Matías De Rose

En un escalofriante plano secuencia, Trapero invita al espectador a recorrer la intimidad de los Puccio en su propia casa, donde se evidencian las vicisitudes de una familia aparentemente normal pero que esconde en su interior los más oscuros secretos. Arquímedes pasa de la cocina al comedor sujetando una bandeja con un plato de comida. Su hijo menor no lo mira, está distraído viendo la televisión. Sube las escaleras. Habla con una de sus hijas que está estudiando en su cuarto. El travelling se detiene dos metros más adelante en la puerta de otro cuarto, de cuyo interior se oyen gritos de desesperación. Abre la puerta y deja el plato de comida junto al amigo de su hijo Alejandro, que está encapuchado y encadenado a una bañera.

El realizador del film pone el ojo precisamente en ese detalle: en la culminación de una serie de secuestros organizados por el clan Puccio, haciendo foco en cómo vivían la situación en el seno familiar, más que en los hechos delictivos en sí.


La trama se centra en el jefe de esta organización, Arquímedes Puccio, y su hijo mayor, Alejandro, interpretados respectivamente por Guillermo Francella y Peter Lanzani, quienes lograron una notable transformación de sus dotes actorales. Detrás de la fachada de una típica familia del barrio de San Isidro, se oculta un siniestro clan dedicado al secuestro y asesinato. Arquímedes lidera y planifica los operativos. Alejandro, estrella del club de rugby CASI y jugador de Los Pumas, se somete a la voluntad de su padre para identificar posibles candidatos y se sirve de su popularidad para no levantar sospechas. Los integrantes de la familia son cómplices en mayor o menor medida, viviendo de los beneficios que obtienen de los suculentos rescates pagados por los familiares de los secuestrados. Mediante el uso de elipsis que sitúan al espectador en la Argentina de comienzos de los años ‘80, el film comienza con un discurso del entonces presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) en el juicio a las juntas militares (1985). Es un buen recurso para contextualizar los hechos, pero Trapero pretende también mostrar algo más profundo. Puede observarse como una reflexión sociológica: la evidencia de un funcionamiento social que la dictadura había sembrado con terror. La violencia, el disciplinamiento, el ocultamiento, la complicidad e incluso la indiferencia, como ha referido su director.

La historia previa de Arquímedes es muy importante: se cree que fue miembro de la Triple A, contactos que le servirían de protección para su accionar delictivo posterior, y años antes había sido diplomático de Perón. Para los vecinos del barrio, era un padre prolijo y trabajador al que llamaban “el loco de la escoba”, ya que era visto con frecuencia repasar la vereda dentro de su pijama en horarios poco habituales. En ese sentido, la elección de Francella resulta un acierto en la medida que se trata, como Arquímedes, de un tipo común, familiar, de apariencia inofensiva. Por la imagen que se tiene de él, seríamos incapaces de relacionarlo a algún delito. De esa manera logró un personaje intenso, de mirada intimidante, arrogante pero con cierta mesura.

Quien recibió excelentes críticas es Peter Lanzani con su papel de Alex, personaje clave en la articulación del relato. Es un chico que pudo haber optado otros caminos pero que termina sometido a la complicidad de su padre. A través de Lanzani, el público logra empatizar con Alex como con ningún otro personaje. Otro acierto del director, quien profundiza en su vida personal y va exponiendo sus transformaciones -tiene su trabajo, su equipo de rugby, sus amigos, conoce a su novia, cambia sus actitudes, planea casarse y viajar a Suecia-. Pero también lo es de manera análoga, seleccionando a una joven promesa en el ascenso de su carrera, en relación directa con la realidad del personaje representado.

Es para destacar la labor de fotografía e iluminación por la que se registra en cámara un clima sórdido y tenue, a la vez que familiar. Esto se potencia con el aura oscura que genera la mirada de Arquímedes, cuya frialdad es bien captada por los primeros planos a su rostro. Son recursos que utiliza también para destacar la incomodidad en la mirada de su hijo Alejandro de participar en esos delitos -los que, sin embargo, acepta y forma parte-.

La época está bien lograda por la vestimenta, los australes, las patentes negras y sobre todo por la música -Virus, Serú Girán, The Kinks- que termina de anclar al espectador en los '80, aunque en este aspecto el recurso por momentos resulta excesivo y contrarresta, posiblemente adrede, las escenas dramáticas que puedan resultar más agobiantes. El ritmo y la tensión crecen significativamente cuando promedia el film y llegan al clímax hacia el final con un desenlace impactante.

El clan llegó a las salas y se perfila como el estreno argentino más importante del año. El realizador, una de las voces más destacadas del llamado Nuevo Cine Argentino deja de lado la marginalidad social que caracteriza a sus historias y se atreve a explorar por primera vez tres géneros en uno: una historia verídica, de época y un policial. Si bien desde Mundo Grúa (1999) a la actualidad es evidente una transición hacia un cine más comercial o masivo, Pablo Trapero conserva su propio estilo: sus producciones continúan exhibiendo relatos atroces sobre sujetos que viven en los márgenes de la sociedad, donde el antagonista principal es el poder.



FICHA TÉCNICA

El Clan (Argentina, España, 2015). Drama. Policial. Thriller.

Duración: 110 minutos.
Distribuidora: Fox
Guión y dirección: Pablo Trapero
Elenco: Guillermo Francella, Peter Lanzani, Lili Popovich, Gastón Cocchiarale, Giselle Motta, Franco Masini, Antonia Bengoechea y Gabo Correa
Fotografía: Julián Apezteguía
Música: Sebastián Escofet
Sonido: Vicente D'Elía y Leandro de Loredo
Edición: Pablo Trapero y Alejandro Carrillo Penovi
Dirección de arte: Sebastián Orgambide.

lunes, 8 de junio de 2015

¿A qué estamos jugando?

Artículo publicado en la sección "Nuevas Tintas" del diario El argentino (Zona Norte) -7 de junio, día del periodista-

¿A qué estamos jugando?

Periodismo. Periódico. Periodicidad. Frecuencia. Con estos pocos conceptos que distinguen a la profesión del “periodista”, bien se podría utilizar la definición de “periodismo” para las fases de la luna, la cosecha en las viñas o la transición del invierno a la primavera. El término anglosajón journalist, y sus derivados -en Italia es giornalista, en el vocablo portugués jornalista, en francés journaliste), es menos abarcativo aun, puesto que refiere a una periodicidad diaria.
La identificación general es imprecisa. Sería interesante contrastar esta especificación con la materia prima, el centro de este noble oficio: la información -vale decir recolectar, sintetizar, jerarquizar, publicar-. Nuestra “objetividad” -siempre subjetiva- en virtud de reflejarle a la sociedad lo que se nos presenta como “realidad” o las pequeñas “realidades” del presente o el pasado.
Aventurados son los que se empeñan en discutir el rol del que hace “periodismo militante” o “independiente”, mientras todavía no empezamos ni por la raíz de nuestra existencia. Somos partícipes de un presente en constante cambio, como Moreno lo fue al comienzo. No como Cabezas. Pero al final del día, vamos a tapar las grietas con cemento, por el que volveremos a marchar todos juntos. Porque sino, ¿a qué estamos jugando?.

Matías De Rose (26); Olivos, Vicente López.
Blog: www.vistasdepunto.blogspot.com.ar (Puntos de vista).
Mis autores favoritos son: Rodolfo Walsh, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Leila Guerriero, Truman Capote, Martín Caparrós.

¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Yo jugué al periodismo en mi infancia. Aquellas cartas devotas de la Difunta Correa que encontraba en las veredas del barrio, me llenaban de curiosidad. Las guardaba a todas. Después, procuraba encontrar las restantes en mis travesías con la bici. Un día, preguntando a mis mayores, descubrí el orígen de esta leyenda, que más tarde encontré llena de amor. Pero no identificaba al amor con apenas ocho años a cuestas (tampoco podría hacerlo ahora). Lo único que sentí fueron los cosquilleos de pensar que había develado un gran misterio, y dí por terminada la búsqueda. Hoy soy yo quien elije dejar su testimonio por escrito. Y dejar que vuele con el viento, para que otro pibe pueda encontrarlo jugando en las veredas del barrio.



domingo, 24 de mayo de 2015

Pablo Sepúlveda Allende: "En Chile existe una invisibilización hacia todo lo que fue el proceso de la Unidad Popular"

Nota publicada en Guay, suplemento juvenil del diario Miradas al Sur

Mano a mano con el nieto del ex mandatario chileno
Pablo Sepúlveda Allende: "En Chile existe una invisibilización hacia todo lo que fue el proceso de la Unidad Popular"

Por Matías De Rose
Desde Santiago
Ilustraciones de Nicolás Canobra

Pablo Sepúlveda es hijo de Carmen Paz Allende (la segunda de las tres hijas de Salvador y Hortensia Bussi) y Héctor Sepúlveda. Nació en México (septiembre del '76), producto del exilio de su familia, y se formó en La Habana, Cuba, donde primero estudió fisioterapia y después derivó a medicina, como su abuelo "Chicho". Luego regresó a Chile, donde ejerció en un centro médico público de la ciudad de Coquimbo, al norte del país.
Actualmente trabaja y vive desde hace seis años en Caracas, Venezuela. Pablo es también el nieto que más se parece políticamente a Salvador, y en consecuencia un firme defensor del proyecto socialista en Latinoamérica. Reflexiona sobre las debilidades de la "vía chilena" al socialismo pero las identifica como enseñanzas para los procesos revolucionarios actuales.




-¿Cómo creés que se recuerda a Salvador Allende en Chile? 

"Creo que a Salvador Allende se lo sigue recordando con mucho cariño y admiración. Su imagen no ha parado de renacer y crecer desde su muerte. Sus ideales, su trayectoria política, su ejemplo y su conducta  siguen inspirando a las nuevas generaciones y eso se pudo observar en las recientes luchas estudiantiles y demás luchas populares, donde la figura de Salvador Allende se levantó nuevamente como un referente ético e ideológico.
Creo que su principal legado político fue haber sido un precursor en la posibilidad de realizar la revolución socialista de forma pacífica, ampliando la democracia formal y representativa hacia una democracia económica y radical. Por otro lado también está su consecuencia política, su conducta coherente ante toda circunstancia, su sensibilidad humana y su compromiso con las clases sociales más humildes".

-¿Existe un mecanismo de invisibilización de cierta parte de la ciudadanía o los ámbitos oficiales?

"En Chile existe una invisibilización hacia todo lo que fue el proceso del Gobierno de la Unidad Popular. Es, tal vez, uno de los temas más ignorados en los medios de comunicación y en los ámbitos oficiales. Se habla mucho más sobre el golpe de Estado y las atrocidades la dictadura pinochetista que sobre la experiencia de la Unidad Popular como proceso en la construcción de una nueva sociedad más justa, siendo que en esta experiencia hay grandes enseñanzas y lecciones históricas que es necesario estudiar sobre todo en este tiempo latinoamericano, donde hay cada vez más gobiernos que buscan la transformación de las estructuras económicas y sociales del modelo capitalista".

Considero que también hay desde los ámbitos oficiales, y específicamente desde las cúpulas del actual Partido Socialista de Chile, una distorsión de la figura de Salvador Allende en el sentido que se le ha tratado de vaciarlo de su contenido  más radical y revolucionario, dejando solo una imagen de un  socialdemócrata más que de un político profundamente  revolucionario que luchó a lo largo de toda su vida y hasta el último momento por la construcción de una sociedad más justa".

-Creciste en un entorno en donde debatir la política era parte de lo cotidiano. ¿Qué recuerdos tenés de esas reflexiones? ¿Qué anécdotas te contaban tu madre o tu abuela en relación al día del golpe de Estado?

"Recuerdo la lucha contra la dictadura militar, sobre la atrocidades que cometía el terrorismo de Estado que se ejercía sobre el pueblo chileno, y las formas que se buscaban para difundir sobre las sistemáticas violaciones a los derechos humanos.
Las anécdotas que se relataban sobre Salvador Allende eran generales, sobre todo referentes a su sentido del humor, lo bromista que era con sus amigos, sobre sus gustos personales, su profunda sensibilidad social y su infatigable capacidad de trabajo.
Específicamente sobre el 11 de septiembre mi abuela "Tencha" siempre contaba cómo vivió ese trágico día en la  Residencia Presidencial de Tomás Moro, la cual fue bombardeada por el mismo tipo de aviones que bombardearon el Palacio de la Moneda; ella contaba cómo tuvo que salir 'gateando' entre las bombas y el humo".

-¿Ves similitudes entre la Revolución Bolivariana y el proceso iniciado por la Unidad Popular? 

"Sí, considero que hay grandes similitudes de fondo, más allá de los diferentes contextos  y momentos históricos. La Unidad Popular fue el primer proceso que planteó la transformación de las bases estructurales de la economía capitalista por medios no violentos, realizando los cambios necesarios dentro del marco legal de una institucionalidad burguesa. La Revolución Bolivariana que impulsa el Comandante Hugo Chávez retoma el camino de esa transformación de la sociedad  por mismos cauces legales y democráticos pero también aprendiendo mucho de las debilidades que tuvo la  'vía chilena al socialismo', sobre todo en lo que refiere a la necesaria defensa del proceso revolucionario. Recordemos las palabras que varias veces dijo el Comandante Hugo Chávez: “Esta es una revolución pacífica pero no desarmada”. También el hecho de que la primera gran medida que tomó la Revolución Bolivariana fue llamar a un proceso constituyente para cambiar el marco constitucional y legal heredado, que limitaría el normal desarrollo de los cambios necesarios. En Chile, esa legalidad heredada también dificultó el pleno desarrollo del proceso de cambios".


-¿Y en los mecanismos destituyentes o golpistas entre una época y la otra?

"Claramente también hay muchas semejanzas en las estrategias contrarrevolucionarias que han tratado de derrocar al Proceso Bolivariano con lo que pasó en Chile. Principalmente los golpes de Estado de tipo militar con distinto desenlace, debido a que las Fuerzas Armadas en Venezuela tienen mucha mayor conciencia de clase, identificadas históricamente con las clases sociales populares. No así en Chile, donde las Fuerzas Armadas históricamente han servido a las castas políticas dominantes.
Otra estrategia desestabilizadora que se ha repetido ha sido la guerra económica, con bloqueo económico financiero y comercial, con una escasez provocada a través del acaparamiento de productos, la especulación de precios, sabotaje a la producción y distribución, etc".


 -¿Cómo ves el proceso de integración regional actual? 

"Creo que estos procesos de integración y cooperación Sur-Sur que se han ido consolidando a través del ALBA, UNASUR, MercoSur y CELAC son de vital importancia tanto para sentar las bases de unión y complementariedad, más allá de la diferencias en las tendencias políticas, como para constituirnos como un polo geoestratégico a nivel global. De esta manera se contribuye a la construcción de un mundo multicéntrico y multipolar, cuestión necesaria para una mayor convivencia pacífica basada en el respeto entre las naciones".


¿Cómo ves a la izquierda chilena actual y qué opinás sobre los procesos sociales que se intensificaron a partir del movimiento estudiantil? 

"Me parece que en Chile se llevan adelante muchas luchas importantes y emblemáticas, como la del pueblo Mapuche, la del movimiento estudiantil y otras luchas y construcciones a niveles locales, como en Freirina y Caimanes, entre otras. A pesar de sus grandes dolores y también sus logros y avances,  son movimientos y luchas que se mantienen aún bastante dispersos, y me parece que hay que ir buscando convergencia hacia unos objetivos que respondan a las grandes y pequeñas demandas de la sociedad chilena, las cuales están aflorando cada vez con más fuerza y claridad.
Creo que uno de los grandes logros, sobre todo del movimiento estudiantil, fue a un nivel más profundo al lograr cuestionar el núcleo ideológico y cultural del modelo neoliberal, en el cual el sentido del lucro es parte fundamental de la hegemonía cultural del neoliberalismo. Al lograr deslegitimar el lucro tanto en la educación como en muchos otros ámbitos de las relaciones sociales y económicas se empieza a identificar con más claridad quiénes y de qué formas nos han dominado históricamente, lo cual es fundamental para ir afinando la puntería en las luchas que se vienen".

martes, 20 de enero de 2015

Los desaparecidos de la democracia argentina

Artículo publicado en Bifurcaciones (Chile), revista de estudios culturales urbanos.


El 10 de diciembre último, la República Argentina celebró 31 años de democracia ininterrumpida. La fecha recuerda el fin de la dictadura más sangrienta que vivió el país, la cual dejó un saldo atroz de 30 mil desaparecidos, pero también interpela a la sociedad en la búsqueda de la verdad sobre los crímenes ocurridos durante ese período. Tristemente, con la llegada de la democracia advertimos la vigencia del funcionamiento de un plan sistemático de las fuerzas policiales para asesinar y “desaparecer” a niños adolescentes de los barrios pobres del Gran Buenos Aires, que son utilizados por los mismos policías para ejercer operaciones delictivas. Así lo revela la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) de la Argentina, en un estudio que pone en evidencia el escandaloso nivel de violencia institucional y la desidia del Estado. Este artículo pretende contribuir a la construcción de la memoria y la verdad.

Por Matías De Rose

En su último informe represivo público, CORREPI registró, desde el retorno democrático a la actualidad, un total de 4278 muertes por gatillo fácil y tortura seguida de muerte en cárceles y comisarías. Además, dan cuenta de un total de 210 personas desaparecidas y 69 asesinatos en el marco de protestas y manifestaciones sociales. Analizaremos los casos más emblemáticos y sus respectivos tratamientos en los medios masivos de (des)información. El escuadrón de la muerte: la sucesión de ministros y sus medidas como respuesta a las demandas por mayor seguridad. Nunca más, una consigna pendiente en la Argentina.

LA SECTA DEL GATILLO FÁCIL

Recientemente hallaron en Buenos Aires el cuerpo de Luciano Arruga, un chico de dieciséis años que llevaba casi seis desaparecido. Las denuncias sobre este caso, que comprometen a la policía bonaerense, reflejan una escalada de asesinatos de chicos jóvenes de los barrios pobres, reclutados en detenciones ilegales por la policía para robar para ellos, desapariciones forzadas, torturas y violaciones de derechos humanos en las cárceles de todo el país.

En el año 1996 el entonces presidente Carlos Menem intentó explicar a los medios por qué crecían las denuncias públicas por fusilamientos policiales: “hay periodistas de pluma fácil”, escupió sin remordimientos. En los meses siguientes, la tesis fue reforzada por el jefe de la Policía Federal, el comisario Adrián Pelacchi, y por el ministro del Interior y responsable de las fuerzas de seguridad federales, Carlos Corach, que agregó una frase en la que resonó la voz del dictador Jorge Rafael Videla respondiendo sobre los desaparecidos: “¿Dónde están los nombres?”.

Fig. 1: Crecen las denuncias por gatillo fácil a lo largo del país. Fuente: CORREPI.
Crecen las denuncias por gatillo fácil a lo largo del país. Fuente: CORREPI

En respuesta a estos dichos, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), una organización de derechos humanos formada en el año 1991, orientada a la lucha y la denuncia de la represión estatal, logró confeccionar una lista con 282 nombres en un archivo de casos, tomando como punto de partida el año 1983. Nacía, de esta manera, uno de los primeros organismos en el país en implementar mecanismos de búsqueda y procesamiento de datos en la lucha contra la violencia institucional.

Si bien la coordinadora estima que es incalculable la “cifra negra” real del gatillo fácil y de las torturas y muertes en las cárceles y comisarías, afirman que están incorporando permanentemente, además de los casos ocurridos en el año en curso, “otros de años anteriores, comprobando, en la práctica, que muchos homicidios perpetrados desde el Estado no trascienden siquiera en esta humilde base de datos debido a la creciente invisibilización de los episodios represivos, especialmente los que afectan a los sectores sociales más vulnerables, que hace que no lleguemos a conocer infinidad de casos. Hay provincias enteras de las que sólo contamos, como fuente, con lo poco que trasciende en los medios de comunicación a nuestro alcance”.

En su informe represivo anual dado a conocer recientemente para el período 1983-2014, CORREPI registra un total de 4278 muertes por gatillo fácil y tortura seguida de muerte en cárceles y comisarías -el 63 por ciento de esta cifra corresponde a la última década-. Además, dan cuenta de un total de 210 personas desaparecidas -ochenta desaparecieron durante los últimos diez años- y 69 asesinatos en el marco de protestas y manifestaciones sociales -veinte de ellos durante la gestión kirchnerista-.

La abogada María del Carmen Verdú, integrante de CORREPI, argumenta que “si bien hay una metodología de represión de control social, que se descarga sobre los sectores no organizados de la clase trabajadora con características ‘preventivas’ porque tienden a instalar un amedrentamiento, un disciplinamiento que permite aventar la posibilidad de una organización de esos sectores populares, también se utiliza la metodología de represión de carácter más selectivo sobre los trabajadores”.

Otro dato relevante es que del total de los casos, el 51 por ciento de las personas corresponde a varones de entre 15 y 25 años, en lo que demuestra una no casual decisión de apuntar a los sectores más jóvenes. El 90 por ciento de ellos está por debajo de la línea de pobreza, por lo que son los chicos de mayor vulnerabilidad social quienes más intervenciones sufren en diferentes instancias de conflictividad. De igual gravedad es el caso de las mujeres, que además de ser víctimas de  las redes de trata y explotación sexual sufren la complicidad de todo un sistema patriarcal que las desampara.

“La desaparición forzada” -señala Verdú- “es sólo una de las metodologías a las que recurre el estado argentino en materia represiva. En enorme cantidad de casos se trata de hechos muy similares al de Luciano Arruga: chicos de barrio que son sistemáticamente arribados por la policía como mano de obra esclava para robar o transar drogas en los barrios para ellos. Los pibes que se resisten son víctimas del gatillo fácil y en casos como los de Luciano y tantos otros, desaparecen”.

En la categoría de muerte de personas privadas de su libertad, confluyen los inverosímiles suicidios por ahorcamiento o incendios en cárceles y comisarías, que encubren, en una enorme proporción, la muerte por aplicación de tormentos. La casi totalidad de las muertes en comisarías corresponde a personas que no estaban detenidas por acusaciones penales, sino arbitrariamente, por aplicación de las más efectivas herramientas de control social, la averiguación de antecedentes y los códigos de faltas y contravenciones. Algunas desapariciones, en las que se sabe que la víctima pasó por una comisaría, están listadas bajo esta categoría. Otras lo están en la de “otras modalidades”.

Los asesinatos en el marco de causas fraguadas para “hacer estadística” y exhibir una eficiencia muy lejana a la real y los hechos resultantes de otros delitos cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad, reconfirman la constante participación policial en delitos comunes, vendiendo información, proveyendo zonas liberadas, proporcionando armas o interviniendo directamente en la organización de robos tipo comando, tráfico de drogas y autos robados, secuestros extorsivos, trata de personas e incluso a veces como parte de “operaciones de prensa” para ganar prestigio desbaratando los ilícitos que ellos mismos generan, o para ganar espacios en sus disputas de poder internas.

Este informe, en su conjunto, muestra que con el fin de la dictadura no se terminaron los abusos por parte del Estado. Al contrario, se renovaron métodos y la brutalidad sobre los sectores populares se mantuvo. Si bien el nivel de violencia es muy inferior al período dictatorial (1976-1983), el marco democrático en el que se desarrollan todos estos casos de abuso institucional le dan un tinte de gravedad muy importante.

Fig. 2: El diario Clarín niega la hipótesis de asesinato.
El diario Clarín niega la hipótesis de asesinato. Foto: archivo Clarín


NO EXISTEN CRÍMENES PERFECTOS, HAY INVESTIGACIONES MAL HECHAS

Es importante mencionar que, en los fueros penales, de 3013 causas referidas a los delitos de torturas y apremios ilegales en democracia, 3010 fueron caratuladas como “apremios” y sólo tres como torturas. Únicamente treinta fueron elevadas a juicio y en las restantes se estimó que no había mérito para acusar. Los tres casos de torturas fueron archivados.

“El sistema hizo que haya una reticencia muy fuerte de parte de jueces y fiscales a usar el término tortura. El 90 por ciento de las causas, en los pocos casos que se logra avanzar y llegar a juicio, quedan calificadas con figuras menores como los apremios o las vejaciones. La tortura es el crimen de Estado por excelencia. La tortura puede ser cometida por el aparato represivo estatal, con la connivencia de todo el conjunto del Estado, y por lo tanto decir tortura es responsabilizar al Estado y al gobierno de turno. En cambio, si utilizamos cualquiera de esas expresiones menores, o al muerto en tortura lo calificamos como un simple homicidio o incluso como un homicidio calificado lo que va a ir a las estadísticas es un hecho individual, no un crimen de Estado”, explica la doctora Verdú.

Por su parte, Pablo Pimentel, titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), asegura que “de cuatro casos concretos, sólo uno es denunciado. Sucede que la fiscalía tiene que trabajar estos casos con la policía, entonces cuando a la fiscalía le toca investigar a la policía con la que trabajan, se vuelve algo complicado. Por eso hay una disposición que establece que cuando hay personal policial involucrado tienen que trabajar con otras fuerzas, ya sea Gendarmeria o Prefectura. Y si la familia no está organizada o apoyada son esos casos que quedan en el olvido y en la gran página de la historia que se titula impunidad”.

Gran parte de los medios masivos, que poco contribuyen al esclarecimiento de estos hechos, tomaron las conjeturas del caso Luciano Arruga para instalar la hipótesis de un accidente de tránsito y cerrar el caso. Encontraron en él una figura provechosa para la primicia y la mercancía informativa; desestiman la versión de los abogados y de la familia o la desvirtúan con fines políticos. Pocos informaron sobre las denuncias probadas de torturas del destacamento de Lomas del Mirador, donde el mismo Luciano fue castigado el 22 de septiembre del 2008, unos meses antes de su desaparición.

Con gran claridad Vanesa Orieta, hermana de Luciano, explicó: “Ustedes pueden informar que fue un pibe que cruzó la autopista y lo atropelló un auto y ya. Pero van a estar mintiendo. Porque la familia denunció que hubo acoso policial. Que está confirmado que el 22 de septiembre de 2008 fue víctima de una golpiza. Y que cuando mi hermano desaparece, hubo peritajes positivos que arrojaron que Luciano había estado en un patrullero, había estado en un descampado, que los patrulleros se salieron de la cuadrícula. Esto no cierra con un pibe que cruzó la autopista. Hay que saber la verdad”.

La desaparición de Luciano se dio en el medio de un contexto de fuertes campañas mediáticas de criminalización de la pobreza y la juventud, donde el discurso en torno a la “inseguridad” estaba dirigido hacia pedidos de mayor mano dura, y un fuerte lobby de varios sectores para bajar la edad de imputabilidad. Como si en la discrecional situación actual no fuera posible mantener durante años privado de su libertad a un chico que no ha cometido delito alguno o apenas un hecho menor, mientras los jueces están facultados para dejar en libertad a los autores de un homicidio.

La baja de la edad de imputabilidad existe de hecho pero sin las garantías del debido proceso, que fueron contempladas en el proyecto de ley que tuvo media sanción por unanimidad en el Senado en 2009 (una semana después de las elecciones legislativas de ese año) y que nunca fue tratado por la Cámara de Diputados.

El silencio de los medios alrededor de la desaparición de un pibe, muerto sin motivo, castigado por la policía en un destacamento creado en torno a demandas de “mayor seguridad”, no es casual: difundir esta realidad significa el derrumbe de los argumentos de quienes proponen la política de la “mano dura” o la criminalización de jóvenes y pobres.

Fig. 3: Marcha por la aparición con vida de Jorge Julio López. Fuente: Diario Inédito.
Marcha por la aparición con vida de Jorge Julio López. Foto: Diario Inédito

EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE

Alejandro Granados, Ministro de Seguridad de Buenos Aires

Los ocho policías sospechados del caso Luciano Arruga habían sido pasados a disponibilidad de manera temporal, hasta que en marzo del 2014 fueron reincorporados por el ministro de Seguridad bonaerense Alejandro Granados. Finalmente volvió a pasar sus puestos a disponibilidad a partir del reclamo de los familiares y organismos querellantes.

En 1999, luego de protagonizar un tiroteo con delincuentes que intentaron asaltarlo dentro de su casa, Granados le dirá al diario Página 12: “Estamos en guerra con los delincuentes, y la guerra hay que librarla. Es a matar o morir” y afirmaciones como: “En ninguna casa debe faltar un arma”, que se contradicen, por otro lado, con las actuales campañas de desarme que impulsa el gobernador Daniel Scioli. En 2013, ya a cargo del Ministerio de Seguridad, una de sus primera medidas fue multiplicar las calles de patrulleros de la policía y gendarmería nacional.

En el 2002, el Ministerio de Justicia y Seguridad provincial, entonces a cargo de Juan Pablo Cafiero, desentramó una investigación que puso en evidencia el modo de funcionamiento de un escuadrón de la muerte policial en Esteban Echeverría y Ezeiza, partido cuya intendencia gobernaba Granados. Según los fiscales de esta investigación, esta serie de acciones extrajudiciales, tales como secuestros extorsivos, vejaciones y reclutamiento de jóvenes con fines delictivos, fue impulsada e ideada por el comisario de la 1ª de Ezeiza, Carlos Adrián Dombrosqui.

Durante los años de la gobernación de Eduardo Duhalde (1991-1999), Julio Quintela fue titular de la comisaría 1ª, donde lo sucedió Dombrosqui, quien había sido su segundo. Los vínculos políticos se hicieron explícitos cuando Granados designó a Quintela como Director de Seguridad de la Municipalidad. Más tarde, Dombrosqui lo reemplazó al frente de ese sistema de patrullas del programa Tolerancia Cero que ahora se invoca como antecedente por el cual habría que confiar en Granados como ministro de Seguridad.

Ricardo Casal, ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires

Según coinciden los organismos de derechos humanos, la escalada de violencia empeoró a partir de la gestión de Ricardo Casal, con la aplicación del Plan de Emergencia en Seguridad lanzado por el gobernador bonaerense Daniel Scioli, a partir de la asunción del ministro Alejandro Granados.

En relación al caso Luciano Arruga, Casal, quien había estado al frente de la conducción de la policía bonaerense durante su desaparición, declaró que el caso era un simple “tema hospitalario”.

Sin embargo, el actual ministro de Justicia tendría un prontuario consecuente con este tipo de episodios: en 1973, con sólo dieciocho años, fue designado agente del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) en la Unidad 9 de La Plata. Luego del golpe de Estado en 1976, Casal permaneció en la Unidad 9 y fue ascendido sucesivamente en la carrera penitenciaria. Entre 1976 y 1982, varios presos políticos que pasaron por la Unidad 9 lo habrían reconocido participando en interrogatorios realizados en salas especiales dispuestas en el penal.

Lo cierto es que efectivamente existieron “pabellones de la muerte” en esa delegación, situación que no podía desconocer ningún penitenciario. Casal continuó desempeñándose como agente del SPB hasta 1987, año en el que pasó en comisión a la Subsecretaría de Justicia.

Sergio Berni, secretario de Seguridad de la Nación

A Sergio Berni, Teniente Coronel del Ejército Argentino, se lo señala de todos lados como integrante de una de las unidades que se sublevó en el alzamiento carapintada en 1987, motín que condujo a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida por las cuales prescribían los delitos de lesa humanidad perpetrados por los militares del último golpe genocida. En marzo de 2012 fue designado secretario de Seguridad y quedó a cargo de la Gendarmería, la Prefectura Naval, la Policía Federal y la Policía Aeroportuaria.

En la represión del Parque Indoamericano de Villa Soldati -Ciudad de Buenos Aires- en diciembre de 2010, luego de que la Metropolitana, Gendarmería y la Policía Federal asesinaran a dos hombres, Berni se instaló en el parque para negociar el abandono de los ocupantes. Allí se encontraban más de tres mil familias que habían tomado el predio en reclamo de una vivienda digna, dejando expuesta una magra crisis habitacional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Envuelto en una nueva polémica, es denunciado por la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Liberpueblo y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) ante el juez federal Sebastián Cassanello por el arresto de 68 personas -entre las que se encontraban dos menores de edad- sin orden judicial, y su posterior traslado a la guarnición militar de Campo de Mayo, donde funcionó un centro clandestino de detención y tortura durante el terrorismo de Estado.

Se trata de los hechos que ocurrieron el 30 de agosto pasado cuando beneficiarios del plan Argentina Trabaja cortaron la Panamericana a la altura de la localidad de General Pacheco, Buenos Aires, en reclamo de un aumento en ese subsidio. Las organizaciones denunciaron que cuando finalizaba la protesta y la gente se retiraba, efectivos de Gendarmería subieron a los micros ostentando sus armas y se ubicaron sobre los pasillos centrales de los mismos, vociferando a los gritos que se encontraban todos detenidos e incomunicados, exigiendo a todos los ocupantes apagar sus teléfonos celulares.

Sergio Berni ha llegado a declarar que “en casi todos los delitos hay involucrados menores, que son reincidentes”, dichos que fueron apoyados por el intendente del partido bonaerense de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, quien, en la misma sintonía, exponía como una de sus principales propuestas en su candidatura a Diputado Nacional por el Frente para la Victoria -cargo al que renunció recientemente- bajar la edad de imputabilidad.

Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires

En diciembre de 2007, el flamante gobernador Daniel Scioli inicia su gestión desmantelando las medidas de reforma a la Policía Bonaerense llevadas adelante por el ex ministro de Seguridad León Carlos Arslanián. Entre las modificaciones se encontraba dispuesto que:

- Se abandona la dirección civil de la fuerza y el modelo de conducción política de seguridad, volviendo al esquema de delegación y autogobierno de la policía bonaerense. – Se desarticulan los mecanismos de control interno que se habían diseñado a cargo de personal civil. – Se eliminan las políticas de participación ciudadana y de prevención comunitaria de la violencia.

En los años siguientes, los excesos presupuestarios para los planes anunciados en Seguridad se enfocaron en otorgarle más poder a la policía, endurecer las penas, abrir convocatorias a suboficiales retirados y en la compra de más armamento y patrulleros para los municipios.

Un informe elaborado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) muestra cómo estas medidas anunciadas en un contexto “de emergencia” se han propuesto en reiteradas oportunidades desde hace casi quince años, sin haber llegado a mejoras concretas en materia de seguridad y disminución de la violencia.

NUNCA DIGAS NUNCA

- Andrés Núñez fue secuestrado en su domicilio la madrugada del 28 de septiembre de 1990 por personal de la Brigada de Investigaciones de La Plata -capital bonaerense-, y llevado a esa sede donde lo torturaron hasta la muerte.

- Walter Bulacio (17) fue asesinado por la Policía Federal en 1991. Aunque la Ley de Patronato de Menores prohíbe la detención de menores sin intervención de un juez competente, Bulacio fue retenido en la comisaría; lo sacarían de allí recién a la mañana siguiente, rumbo al Hospital Pirovano, donde le diagnosticaron un traumatismo craneano. Con las pocas fuerzas que le restaban, dijo haber sido golpeado por la policía. Murió cinco días más tarde y la autopsia encontró huellas inequívocas de golpe con objetos contundentes en miembros, torso y cabeza.

- El periodista gráfico José Luis Cabezas, asesinado en 1995 de un tiro en la cabeza e incinerado por una banda de policías que habían sido fichados de sicarios por el poderoso empresario Alfredo Yabrán.

- Miguel Bru fue detenido y torturado en la Comisaría 9º de La Plata, ex Centro Clandestino de Detención. Durante la investigación hubo testigos amenazados e incluso asesinados. A uno de ellos lo secuestraron y no volvió a aparecer. Por el caso Bru, en 1999, la justicia condenó a dos policías, un comisario y un oficial, pero la familia de Miguel, hoy luchando desde la Asociación Miguel Bru junto a otros casos víctimas de abuso de poder, continúa buscando la condena del resto de los policías que estuvieron esa noche.

- Otro ejemplo atroz han sido los asesinatos de 33 manifestantes por policías y guardias jurados durante las protestas del 19 y 20 de diciembre de 2001 contra el entonces presidente Fernando de la Rúa.

- El 2 de octubre de 2003, Iván Torres, de 24 años, salió de su casa en Comodoro Rivadavia, Chubut, y se fue a una plaza a jugar al fútbol con amigos. Esa tarde dos patrulleros merodearon la zona. A la medianoche lo subieron al móvil nº 469, y desde entonces nunca más se lo vio. Desapareció.

Según testigos, Iván estuvo detenido en la Comisaría 1º de Comodoro Rivadavia y fue golpeado brutalmente e incluso torturado por efectivos del lugar. Lo detenían con frecuencia: “Averiguación de antecedentes”; “contravención”, eran los motivos. En un informe presentado por los abogados de la familia de Iván al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas, se detalla un episodio de detención:

“(…) fue llevado por la policía a un lugar alejado de la zona urbana donde le sacaron las zapatillas, la remera, fue golpeado, y le hicieron simulacro de fusilamiento con armas de fuego. Gustavo Cruz, amigo suyo, fue uno de ellos, quien además denunció a la policía por apremios ilegales, y murió en ocasión de un incendio en la vivienda humilde en la que vivía mientras dormía.”

El 9 de enero del mismo año, la mamá de Iván recibió una carta de un testigo que aseguraba haber visto cómo golpearon a Iván, y quiénes fueron. Al otro día remiten la carta a la CIDH solicitando urgente protección al testigo. El 17 de enero, David Hayes -el testigo- fue asesinado en la Alcaldía Policial de Comodoro Rivadavia. Sería el primero de los seis testigos asesinados en circunstancias confusas. Tamara, amiga de Iván y testigo de las reiteradas y arbitrarias detenciones al joven, fue violada por un policía creyendo que era hermana de Iván.

Luego de que la jueza Eva Parcio de Selene sobreseyera en 2007 a quince policías acusados, y en cuya sentencia expresara: “En Argentina, año 2003, democracia, Comodoro Rivadavia, no puede haber desaparición forzada”, la familia y los abogados solicitaron su remoción del caso. Pero la jueza continuó en el cargo. Nunca ordenó la detención preventiva por lo que, al día de hoy, ninguna persona está detenida por la desaparición de Iván. Incluso la misma policía denunciada es la que está investigando el caso.

En diciembre de 2009, la CIDH envió un informe al Estado argentino, haciendo una serie de consideraciones y recomendaciones que debían ser cumplidas en un plazo de dos meses. Pasado ese período, el Estado solicitó dos prórrogas que fueron aceptadas. Pero la Comisión consideró que no hubo “avances sustantivos en el efectivo cumplimiento de las recomendaciones contenidas en el informe de fondo” por lo que realizó la correspondiente demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José de Costa Rica, el 18 de abril de 2010, convirtiéndose en un caso testigo de desaparecido en democracia que llega a esa instancia internacional, ya que se evaluará la responsabilidad del Estado en la desaparición de personas, mediante el abuso de poder, sobre todo en grupos de vulnerabilidad social.

- Jorge Julio López, de 77 años, desapareció dos veces.Fue detenido por la dictadura y testigo clave en el juicio contra el policía y represor Miguel Etchecolatz. Fue secuestrado el 18 de octubre de 2006 tras haber testimoniado en el juicio a sus torturadores y desde entonces sigue desaparecido.

- Carlos Fuentealba, profesor en huelga ejecutado en 2007 de un escopetazo por el policía José Darío Poblete.

- En el verano del 2009 Luciano Arruga es detenido y llevado al destacamento policial de Lomas del Mirador, partido bonaerense de La Matanza, y en adelante no se supo más nada de él. Su cuerpo apareció casi seis años más tarde. Tal como Iván Torres, Luciano había sido detenido en ocasiones anteriores, y golpeado brutalmente, en lo que se conoce como “criminalización de la pobreza”. Luciano era un chico de dieciséis años de un barrio pobre.

- Mariano Ferreyra, manifestante caído en 2010 a balazos por una patota del sindicato Unión Ferroviaria. La policía está implicada en la liberación de la zona.

- César Monsalve, de trece años, desapareció de su casa en la ciudad patagónica de Trelew, el lunes 27 de mayo de 2013. Era sobrino de Bruno Rodríguez Monsalve, un testigo clave en el caso donde un joven de dieciséis años denunció que había sido abusado dentro de una de las celdas de la comisaría Segunda de Trelew, el 18 de enero de 2012, que fue asesinado el año pasado.

Fig. 4: Parque Indoamericano.
Represión en el parque Indoamericano. Foto: archivo

La relación desaparición-violencia policial-condición social a la luz de los casos recién mencionados, nos permite recrear la manera en que se ejecutan y desarrollan todos estos actos. De esta manera observamos un pacto de contraprestaciones recíprocas con el poder político, que devela que la policía no trabaja ya para la prevención del delito sino para el control territorial de los barrios más carenciados.

También comprobamos que no se trata de un fenómeno aislado sino de un plan sistemático que funciona a lo largo del país: desde Chubut, en la patagonia argentina, hasta Formosa, al norte, donde asesinaron a representantes de la comunidad indígena Qom en reclamo de sus tierras. La provincia de Buenos Aires -hacia el conurbano bonaerense, compuesto por los barrios aledaños a la Ciudad de Buenos Aires- encabeza la lista de casos, con el 45 por ciento. Luego le siguen las provincias de Santa Fe y Córdoba, ambas en la región centro de la Argentina; y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No es un dato menor que las provincias y distritos a la vanguardia de la represión están gobernadas por el oficialismo y los principales partidos opositores -Daniel Scioli, Antonio Bonfatti, José Manuel De la Sota y Mauricio Macri-, en lo que muestra una política continuista o más agresiva aún de cara a las elecciones presidenciales de octubre.

Esta es la lista negra de algunas de las víctimas más emblemáticas de la violencia institucional argentina. La crónica del intento por enmascarar y disimular la muerte. Detrás de las cifras hay personas de carne y hueso. Fueron amigas, padres y madres. Personas que amaban y que sentían. Que tuvieron hambre y que pasaron frío. Que jugaban al fútbol. Que estudiaban o trabajaban. Que sabían algo. O que no sabían nada… Y ahora son sólo preguntas. Sus identidades flamean en banderas. Están estampadas en nombres de calles y puentes. En sus propias fatalidades. Son los símbolos de la desidia y la indiferencia convertidos en algo que no logramos entender: en la triste figura del desaparecido.

martes, 23 de diciembre de 2014

Aguafuertes cariocas (parte II)

Por Matías De Rose, desde la cima de la Gloria

Últimos días en el paraíso 

       Toda despedida deja cosas por decir. Cosas que son reemplazadas y suprimidas por un simple adiós. Por eso me arrebato en decirlas ahora, antes de irme. Creo que es lo más digno que puedo hacer. Tampoco quisiera ser desagradecido con las circunstancias que se me presentan y que me ponen fichas para escribir esta comedia dramática entre las pálidas nubes del alto Da Gloria, a novecientos metros de altura sobre el nivel del mar. Son tres días para nosotros solos: la montaña, los chaparrones, el olor húmedo del mato, tres perros, un gato y yo. Conviene aclarar que los otros “yo” que cobran vida en estas memorias sufren, invariablemente, severas alteraciones por la propia psicología del personaje.
       Este título no evoca a ninguna novela costumbrista ni se afirma en el terreno evangélico, aunque posteriormente pueda resultar casi tan escatológico como éstos. Hemos de llamar “paraíso” a una tierra concreta, acaso análoga a pocos lugares en el mundo, con un sabio funcionamiento de los órdenes naturales. Acá en Sana suele desaparecer el tiempo y no hay un día que sea igual al resto.
       He dicho que me voy.
       Podré cuestionarme ésto una y mil veces, pero es lo que decidí. El paraíso no es para mí: resulta que acá soy feliz. ¡Y ese es mi problema! soy asquerosamente feliz. Acá me preocupo por poco y por pocos, y eso va contra mi vocación.
       Ya fue.
       Yo siempre pensé que una persona feliz es una persona ignorante, y prefiero volver a las preocupaciones.
       Me voy, sí, pero habiendo comprobado algunas consideraciones:

       A- Pude experimentar lo que es -intentar- vivir de la música; internarse en una selva serrana, fuera del sistema de consumo y la sociedad de masas. Todo un sueño para un pichón de comunista alucinado por el coraje del Che Guevara y el vozarrón de la Negra Sosa.
       B- Mi revelación por excelencia es haber caído de que es posible vivir de manera digna fuera del sistema dominante, con lo preciso y sin bajarse los pantalones ante nadie -¡Acá el agua no se compra!-. Claro que para eso la gente en sociedad -este gran rebaño autómata, destructivo, a contramano- debe olvidarse del Whatsapp, la tevé y algunas otras boludeces entendidas como comodidades. Pero, como pienso a menudo, el problema es saber elegir: acostumbrarse es también resignar.

Génesis

       Todo este delirio empezó en mayo de este año, en una mesita de La Farola de Belgrano. Después del ensayo decidimos ir a comer unas pizzas con la banda. Era la primera vez que Milo se sentaba con nosotros. Lo habíamos llamado para que saque unas fotos del ensayo y siguió la caravana al lado nuestro. Cuando nos sentamos, nos manijea, entusiasmado:

-Che, ¿por qué no van a Brasil a tocar? Ahora se viene el mundial y se pueden llenar de oro.

Creo que fui el único que lo dudó. Era una alta movida considerando que el viaje sería en las próximas semanas, pero hacía poco me había quedado sin laburo y sin chica, así que, dentro de todo, abrir una nueva puerta era una buena posibilidad. Los demás parecían estar convencidos y armaban su panorama para organizar el viaje.

-Mirá, allá tenemos donde parar -insiste. Pueden tocar con Tchecko -un cantautor brasileño a quien conocíamos por sus andanzas en la escena porteña- que está necesitando banda. Hambre no van a pasar porque vive en la selva, los frutos salen de los árboles; es un mes nada más...
-Y bueno, es un mes ¿por qué no?

       Hace ya seis meses que estoy acá. No nos llenamos de oro ni comimos demasiadas frutas pero techo y laburo nunca faltaron. Todavía me acuerdo cuando nos subimos a ese micro, llenos de proyectos y planes que luego se modificarían con el paso del tiempo.
       Volvamos a esos días...
       Nuestro primer paso en Brasil habrá sido con el pie izquierdo. A los pocos minutos de bajar del bondi dimos con dos grandotes de la Policía Federal que nos encontraron fumándonos un porro a unos metros de la rodoviaria paulista. La portación de rostro (indiferente de algunos frasquitos bien escondidos) les juega una mala pasada a los colombianos con pinta de malandra que están con nosotros: el cana se acerca a pasos largos y pesados extendiendo en su mano derecha la credencial de policía. Quedó todo filmado:

-Deixe isso ahí, o -sereno, señala a los mosaicos del pavimento. ¿O que você está fazendo aquí, o? Dê-me os seus identificações.

       Con los muchachos nos alejamos al toque, con aires de impunidad y cierto remordimiento por los hermanos colombianos, que apenas se llevaron un buen susto. Por nuestro lado, aprendimos a no perder la rebeldía, pero tampoco la inteligencia.

La maldición del maletín
Parte 1: “¿Dónde está mi maletín?”

       Por fin en la terminal Novo Río, después de tres días con el culo sentado, nos volvemos a subir a un ómnibus del 1001 con destino a Casimiro de Abreu. “Y bue, son tres horitas más...”. Me las dormí como un bebé, babeado y desorientado.
       Me despertaron los pibes a los gritos:

-¡Dale, Mati, agarrá tus cosas que llegamos!

       Agarré acelerado mi bolso, mi morral, la guitarra, la bolsa de dormir y salté del bondi. Entre las doce de la noche y las dos de la matina esperamos a Tcheko tirados sobre nuestras cosas en la terminal. Justo cuando ya avizoraba como una posibilidad dormir junto al linyera que cantaba, de la cabeza:
mamãe eu quero, mamãe eu quero, mamãe eu quero mamar
dá a chupeta! dá a chupeta! Ai! dá a chupeta. ¡Dá a chupeta pro bebê não chorar!

       Finalmente, llegó Tcheko con la van.
       Alegría, saludos, chistes.

-Dale, carguemos todas las cosas -dice Chaves -imperativo, como suelen ser los bateros.
-¿Está todo?
       Hago recuento:
-A ver: bolso, morral, guitarra, bolsa de dormir... carajo. ¿Dónde está mi maletín?...

Bienvenidos a Búzios

       El lugar que elegimos para arrancar nuestra gira fue Armação dos Búzios, que en un principio me pareció espantoso. ¿Qué menos quiere un argentino que encontrarse rodeado de argentinos, en otro país? Para colmo llegaba fatigado después de meter algunas combinaciones de ómnibus y vans cargando bocha de kilos de equipamiento. Además, la terrible impresión inicial de que Búzios era un espléndido centro comercial había logrado rebajar mis expectativas a niveles estrepitosos. Pero lo peor de todo estaba por venir...
       Por recomendación de un ignoto corredor de alquileres, Chaves y Cala fueron a visitar un cuartito barato donde pudiésemos descansar y guardar los instrumentos. Con el Rasta y Rama los esperamos en la plaza del centro. Mientras, nos cagábamos de risa de un coreanito que era utilizado como amuleto por los muchachos de la hinchada ecuatoriana, que tenían un pedo digno de primera ronda mundialista.
       Al cabo de unos cuarenta minutos, vuelven los pibes.

-¡Es peor que una cárcel! -Chaves suele hablar en joda, pero su semblante severo logra estremecernos.
-Dale, exagerado. ¿Zafa?
-¡Es peor que una cárcel!

       En fin, fuimos todos a ver el cuartucho esperando encontrar algo mínimamente decente. Tocamos el timbre y esperamos largos, larguísimos minutos, hasta que del portón de aluminio se asoma una mujer obesa, vestida con unos harapos que apenas la cubren.

-Oba, entrem -balbucea, indiferente, con un cigarrillo pendiendo de sus labios.

       Entramos por un taller mecánico polvoriento que estaba lleno de basura, deshechos y antigüedades por todos los rincones. Llegamos a un cuchitril insólito. Realmente era peor que una cárcel, donde por lo menos los reos tienen baño. Pero acá ni siquiera: un cuarto de dos por cuatro, vacío, con las paredes descascaradas por la humedad, los cables de la electricidad peligrosamente expuestos y entreligados.

-Ah, ¿encima no nos pasa las llaves de la casa?
-No, dice que tiene un juego solo. Hay que tocar timbre...
-Y esperar otra vez mil horas a que abra la puerta...
-Okey, ¿cuándo nos vamos de acá?
-Es por esta noche nada más. Mañana buscamos otro lugar.
-Yo no tengo nada en contra de lo sencillo, muchachos. No pretendo un Sheraton tampoco, pero si vinimos a laburar, tenemos que estar cómodos.
-Seguro.
-Sí, por supuesto.
-Vamos a dormir, mañana temprano lo charlamos.

       Antes que amaneciera, nos levantamos azorados. Determinamos una reunión en el muelle de la playa de Manguinhos, cuyos tablones crujían a través de una fantasmagórica caleta de pescadores. Una sobrevalorada sensación de crisis se ceñía sobre nosotros, situación que terminó por lanzarnos a la aventura del completo desconocimiento.
       Esa mañana recorrimos toda la península, hasta que encontramos un hostal muy piola que nos recibió con la mejor. Dejamos nuestras cosas ahí y nos dividimos tareas de laburo individuales. A mí me tocó ir a charlar a la Prefectura para obtener una licencia que nos permitiese hacer música en las calles y espacios públicos. Cuando llegué, me atendieron amablemente. Sin embargo me derivaron de un lugar a otro, y a otro y finalmente de nuevo a la Prefectura. ¡Bah!, me bicicletearon. A los milicos no les cabe mucho la parafernalia de la cultura, la música y todo el circo. Por lo tanto fracasé en la labor que me tocaba.
       Aun así necesitábamos trabajar. Ser beneficiados por el chapéu o vender un par de discos. Así que fuimos a la plaza, por la noche, con las pistas en la compu, una caja potenciada y un micrófono. Iba por la mitad de la primera canción cuando la gorilada empezó a frenarme el carro. Me pregunté si era necesario que vengan seis o siete policías a silenciar la fiesta que estábamos haciendo en la plaza, habiendo cosas tan importantes para hacer alrededor. De modo que empecé a improvisar, a capella, unas líneas contra ellos y contra su prepotencia, contagiando al público callejero que ya había tomado posición en favor mío. En efecto, apenas pude mostrar mi música, aunque mi objetivo se logró por otra vía. A partir de esa noche, Búzios me pareció hermoso y grotesco, como una rosa llena de espinas.

La maldición del maletín
Parte 2: “A sua mala está na garagem”

       … Los primeros días los pibes no me dejaban pasar una y me hacían sentir como un colgado de mierda:

-Che, ¿Cómo te vas a olvidar el maletín, boludo? Tenemos todos los discos ahí -Los discos eran los que grabamos con la banda, por los que invertimos quinientos pesos cada uno (dos lucas quinientos en total) para multiplicarlos, en reales, en nuestras presentaciones-.

-Lo había dejado debajo de mi asiento... La verdad me desperté en cualquiera y salí rajando del bondi con las mil cosas que llevaba en mano. Perdón... -intenté atajarme y prometí hacerme cargo de la pérdida.

       Al día siguiente, pegué una van hasta la terminal de Casimiro, sin absoluta certeza de cómo llegar ni cómo volver, pero tenía que recuperar ese maletín, ya más por el valor simbólico que por el material. Me aproximé al mostrador e intenté comunicarme con el flaco de la empresa con mis casi nulos conocimientos de portugués. Con ademanes y gestos de película muda le comento sobre mi pérdida, pero él no logra entenderme del todo. A pesar de que casi ensarto mi cabeza por la hendidura de la ventanilla, yo tampoco puedo cazar una palabra de las que me dice. Se acerca una mina medio cuarentona que oficia amablemente de traductora; el pibe hace dos llamados y me escribe en un papel -glorioso papel que todavía conservo-: “A sua mala está na garagem”...

Calaveras ilustres
Isaías

       Isaías es famoso en el pueblo por borracho. Es algo luengo, con un corte afro rebajado y de contextura fibrosa. Tiene piel negruzca y las palmas de las manos encalladas como una lija. Un Samuel L. Jackson versión fisura. Me dijeron que cuando no toma es una persona demasiado normal, aunque mis encuentros casuales con él me dan razones para mitificar esa confidencia. Siempre anda por ahí, en pedo, molestando -queriendo agradar- a todo visitante. Cuando toca una banda en alguno de los dos bares que tiene Sana, cierta noche vampiresca, el loco siempre aparece detrás de un fundido de sombras. Se planta en la primera fila y baila tan a su manera. Se encorva encogiendo sus hombros. Su rostro comienza a experimentar distintas inflexiones. Parece metidísimo en sí mismo, como si la música le hiciera olvidar, siquiera de manera efímera, el dolor de un hombre que lo perdió todo por la bebida: hijo de uno de los primeros pobladores de Sana, Isaías creció laburando como pedrero, campesino, albañil, lo que hiciera falta. Heredó de su viejo una cierta comodidad financiera gracias a los ingresos de algunos terrenitos puestos en alquiler, pero, paulatinamente, se fue delirando todo en alcohol.
       Estoy seguro que soy una de las pocas personas en Sana que intentó entablar una conversación seria con él. Es que entenderlo es más jodido que la mierda. Se expresa con largos “Guarrguabraurrabua ...”, símiles a ladridos que dificultan la comprensión.
       De todas maneras me acerqué: me ve llegar abriendo sus brazos como un Cristo negro. Su mirada, entre triste y perdida, me habló más que cualquier palabra. Se le caen las monedas del bolsillo mientras intenta darme plata para que le compre una birra. Me ofrece un puñado de tabaco negro fortísimo, unos cigarros pretos hostiles hasta para el más fumeta, y me abraza con bruteza desmedida. El tipo no pide mucho para ser feliz: sólo una birrita y un poco de atención.

Negín

       La primera vez que fuimos a Trindade, en el estado de Paraty, laburamos como chinos. Desde la mañana hasta la noche tocando en posadas o en donde hubiera una fuente de electricidad. Por las tardes, rancheábamos en la playa y hacíamos nuestro set al lado de la barraca de Negín, un rasta que siempre usa anteojos de sol y una gorra hasta las orejas que le oculta un avanzado principio de calvicie. Es bastante petaquín, con apariencia adolescente, y de piel tostada. Saca caipirinhas y cervezas y corre por toda la playa entregándolas. Como a la gente se le da por escabiar desde tempranito, Negín tiene laburo pa caralho.

-Bless, Surikatossss. ¿Vocês vai fazer sua música hoje? -Podría decirse que Negín sólo se limita a utilizar este conjunto de palabras.
-¡Bless! ¡Mássimo!

       Para no dejarnos dormir en la intemperie, una noche nos invitó a dormir a su casa, que quedaba en la perpendicular de un morro cercano a la playa. El chabón, de pronto, aparentaba ser un tipo super consciente. Frente a la tevé, opinaba de todos los temas tratados en el noticiero: de fútbol, de música, política, hasta religión. ¿Cómo puede ser este pibe tan distinto en su casa, cuando no está trabajando? ¿Será la rutina, que en la medida del tiempo vuelve a uno un ser automático? Y eso que el negro labura vendiendo escabio en una playa paradisíaca...

-Bless, familia -nos dice, ya entrado en confianza. Sua música é legal, puta que pariu, mucho buena.
       Para esta altura, nuestro nivel general de portuñol ya caminaba a pasos adelantados:
-Brigado, Negín, a la gente le gustó. A gente curtiou pa caralho.
       Me mira de costado con su rechoncha cabeza porcina, entre desafiante y confidente.
-A gente é lixo -basura-, cara. Eles vêm pra cá, às oito horas da manhã, com suas latas de cerveja imundas, deixan la sujeira, lixo na areia, no banheiro, no mar...
-¿Sí, eh?
-¿Ta ligado? A gente curtiou pa caralho mas só pensam em beber.
-Mas você vive de su sed...
       Neggín pone cara de circunstancia mientras reposa su mirada sobre la mía por unos segundos.            Vacila:
-Todos temos necessidades...
-É verdade.

       Después de cenar, nos disponíamos para ir a dormir en donde cupiésemos. Los chicos se fueron tirando sobre unas mantas en el piso y yo metí medio cuerpo dentro de un diminuto sofá. Taciturno sobre mi fementido lecho, no pude dejar de pensar en lo que me había dicho Negín. En su grande repugnancia. En la realidad de este pibe, tan distinta a la mía; tan lejana a mi mundo. Me quedé pensando en que muchas veces, a las personas, nos cuesta más aceptar a los demás que a nosotros mismos. Como si eludiésemos sistemáticamente la responsabilidad de ser parte de esos demás. Porque siempre la culpa la tiene el otro: que ellos ensucian; que aquellos viven fuera de la ley; que fueron los demás quienes la votaron como presidente; que algo habrán hecho...
       En fin, la idealización con que el ser humano ha concebido al concepto de libertad a lo largo de las generaciones, ha construido un camino repleto de temores en esa dirección.
       ¿Y no estoy hablando yo, ahora, sobre los demás?

-Machi -Negín me saca del ensueño. ¿Desligo a televisão?
-Ta bom, no hay nada interesante. Boa noite.
-¡Bless!


La maldición del maletín
Parte 3 (final): 903

       ...Volví a la montaña con ese papelito y me quedé hablando con Tcheko:

-Mirá, rasta, me dijeron que tienen el maletín en el garage de la empresa.
-¿En cuál? ¿El de Río o Macaé?

       La búsqueda no había terminado. Tenía que seguir aguantando a los pibes que seguían sin darme su voto de confianza.

-El recorrido del bus termina en Macaé, mandate a la rodoviaria -me sugiere Tcheko.

       Así que encaré viaje de nuevo. Pegué carona (léxico brasileño que significa “hacer dedo”, “recibir un aventón”) con Gaby, la mujer de Tcheko, que justito tenía que viajar a Macaé con el auto.

-¿Cómo carajo era la contraseña del maletín? -pienso con persecuta en el camino-. Si lo fuerzo delante de los ratis de la rodoviaria no van a creer que es mío. ¡Encima qué maletín! Re transa. O re Antonini Wilson, que es casi lo mismo. Va a estar jodido...

       Después de un par de horitas de viaje, llegamos a la terminal. Bajo del auto con los dedos cruzados y me meto en la cabina de la entrada. Gaby me secundea con el portugués:

-Oi, boa tarde. Nós ligamos hoje por telefone por uma mala esquecida no ônibus 1001 -fala Gaby mientras yo le señalo al tipo el número de bondi impreso en el pasaje.

       El chabón se da vuelta sin levantarse del asiento. Mete medio cuerpo bajo una mesa pequeña, tantea y... ¡agarra mi maletín!.

-¡Vamos, carajo! muito obrigado, senhor.

       El tipo, con el seño oblicuo, hace media sonrisa y me pide mi documento. Anota mi nombre, apellido, DNI y me entrega el maletín.
       
       Lo examino:
-Sí, es el mío. Pero creo que no me acuerdo la contraseña.
Probé diez combinaciones de números distintos, sin acertar alguna. En seguida se me iluminó el bocho. Recordé que, estando yo en Buenos Aires semanas atrás, había anotado la clave en un borrador de mi celu. Lo saqué atolondradamente del bolsillo de mi pantalón. Lo prendo, tecleo y...:
-¡Ahí está! ¡903, papá! -exageré mi preocupación ante las vivaces pupilas de la ley rodoviaria, que seguían todos mis procedimientos.

       Abro el maletín y mis pulsaciones comienzan a normalizarse al ver que todo permanecía ahí: los quinientos discos, las calcos de la banda y un habano que me regaló mi amigo David antes de irme de Buenos Aires.

-Fumátelo en un momento especial -me había dicho, sin ignorar que ese momento sería inexorable.

       Esa misma noche, de regreso, imaginaré los primeros rasgos de esta trilogía. Gaby me recordará que en la película Pulp Fiction, se entretejen crímenes y saldos de deudas mafiosos por motivo de un misterioso maletín cuyo fulgurante contenido nunca es revelado. Mi historia podría inquirir precisamente lo contrario y darle trascendencia a algo tan banal.
       Volví de noche a la montaña después de todo un día de gira. Subo las escaleras de la entrada al trote, con el maletín en mano. Abro la puerta y desde allí lo extiendo con mis brazos en alto, con cierta megalomanía. Me sentía como el Diego en el '86 con la copa en manos mientras los pibes me celebraban.

-Acá está, muchachos, ¡recuperé mi habano! ¿Quién tiene fuego?


«Todo concluye, al fin»

       Toda despedida deja cosas por decir. Pero yo siempre preferí evitar los sentimentalismos. Acostumbré a ahogar mi melancolía a través del olvido e, incluso, a través del silencio. Para eludir cualquier tipo de referencia poética al respecto, diré que mi despedida fue también una puta tortura. Un agudo dolor estomacal me tuvo algunos días retorciéndome sobre un colchón roñoso. Las teorías, en ausencia de cualquier diagnóstico médico, fueron variadas. La que más pavor me provocó fue la del vermes, una larva pequeñísima que se te escurre por la piel, y que incluso podía estar en el agua de las caxoeiras que nosotros mismos consumimos, alojándose en mi estómago y morfándome las tripas. Lo atribuimos también a las lechugas, los cilantros y albahacas mal lavadas de la huerta.
       Probé desengualicharme con todo tipo de medicinas naturales: té de boldo, de clavo y hierbabuena; tomé ajedrea, una planta que supuestamente resolvía los trastornos del intestino. Lo que desconocíamos era que también funciona como un energizante que potencia la vitalidad sexual, situación que agravó mi arrastrado malestar. Me abastecieron con semillas de bóvora y de papaya que, al ingerirlas, matan a todos los bichitos que pudiese tener en el estómago. Hasta me aventuré con fernet puro y feijoadas. Tomé mil litros de agua, y nada...
       En las semanas ulteriores, la Ciprofloxacina será el elixir que ponga fin mágicamente a catorce días de calvario. Pero por entonces los dolores se sucedían sin intervalos, generándome estrambóticos espasmos en mi posición fetal.
       No podría decir que la decisión de irme tenga que ver con ese malestar, tal como conjeturaban los pibes. Yo les dije que padecía de todas las malarias, menos la menstruación. Esta no era una escenita de histeria. Fue una decisión fuerte, que ya tenía masticada, procesada y digerida. Con certeza, lo único que pude digerir por esos días...
       Me desperté con el primer claro de la mañana y me cebé unos mates, esperando a que se levantaran los demás.
       Más tarde, estando todos alrededor de la mesita del balcón, me atrevo a vacilar:

-Che, les quería comentar algo.
       Todos se tornan hacia mí y esperan silenciosamente mi anuncio.
-Me vuelvo a Buenos Aires, che. Estuve pensando mucho. Pensaba en... ¿qué sé yo? Mi futuro. En mi presente con perspectivas a largo plazo, y yo no quiero tener una crisis de identidad. Me voy a seguir en la búsqueda.
       Chaves levanta la mirada del libro de Osho que está leyendo, pone los ojos como dos gotas de agua y me mira con compasión:
-Todo bien, guacho. Todos estamos hace bocha en esa búsqueda -dice girando la cabeza de un lado a otro, como quien dice una verdad incuestionable.
-¿Pero cómo te podés a ir de acá? ¿Qué vas a hacer en Buenos Aires?
-No sé, vieja. Escribir.
-Hacé lo que mejor te haga a vos, che. Pero si la búsqueda es con vos mismo, allá se te va a complicar...
-Bueno... eso depende de uno, ¿no? No creo que sea el lugar. Mirá, volvé a abrir ese libro. Fijate cuando Osho habla del sannyas.
-¿Sannyas?
-Sannyas es un tipo de meditación para vivir en el mundo ordinario, pero de forma que éste no te posea; es medio fumeta el concepto: es estar en el mundo y a la vez un poco por encima.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-En ese capítulo Osho cuenta sobre la existencia de gente que se va a los montes del Himalaya, queriendo escaparse de algo o buscando la paz interna...
-¿Y qué pasa con ellos?
-Que al final llevan su mente contaminada adondequiera que vayan. Pero no sólo pasó que esa gente no pudo modificar sus comportamientos: su propia mente operó para cambiar la belleza de los Himalayas.
-¿Y para evitar la catástrofe hay que cambiar la mente?
-Quizás haya que renunciar a la mente je, je -Nuestra tendencia a filosofar sobre todos nuestros asuntos nos suscitó algunas risas.
-Te vamos a bancar en lo que decidas, Machi.


       Terminé por seleccionar las situaciones más traumáticas para este relato. Las más garroneras. Esta decisión no fue arbitraria ni mucho menos inocente. Tampoco pesimista, al contrario: fueron las mismas perplejidades las que nos pusieron en un lugar decisivo. En la toma de nuestro poder a través de la acción directa y el laburo en equipo. ¡Acá está el paradigma de nuestra existencia!, o así lo entendimos nosotros. Nos deleitamos con los secretos de la naturaleza; con la belleza del alba y el crepúsculo. Aprendimos a sobreponernos con displicencia ante cualquier circunstancia. Aprendimos, es el verbo más adecuado en general para esta vida... Y de pronto, la música, luz vibrante, que se había transformado en una dulce maldición, y en un espejo, nos dirigimos a ese recóndito lugar, con amor e instinto, para darnos cuenta que la música más hermosa, la que más nos dijo, nacía del completo silencio. 


Ver video "Esto es Rama & The Surikats", otra breve reseña de este viaje.