miércoles, 19 de agosto de 2015

Detrás de la fachada

Nota publicada en Guay, suplemento juvenil del diario Miradas al Sur

El jueves 13 se estrenó El Clan, dirigida por Pablo Trapero. El film narra la historia de los Puccio, la familia que conmocionó a la sociedad argentina de los años '80.

Por Matías De Rose

En un escalofriante plano secuencia, Trapero invita al espectador a recorrer la intimidad de los Puccio en su propia casa, donde se evidencian las vicisitudes de una familia aparentemente normal pero que esconde en su interior los más oscuros secretos. Arquímedes pasa de la cocina al comedor sujetando una bandeja con un plato de comida. Su hijo menor no lo mira, está distraído viendo la televisión. Sube las escaleras. Habla con una de sus hijas que está estudiando en su cuarto. El travelling se detiene dos metros más adelante en la puerta de otro cuarto, de cuyo interior se oyen gritos de desesperación. Abre la puerta y deja el plato de comida junto al amigo de su hijo Alejandro, que está encapuchado y encadenado a una bañera.

El realizador del film pone el ojo precisamente en ese detalle: en la culminación de una serie de secuestros organizados por el clan Puccio, haciendo foco en cómo vivían la situación en el seno familiar, más que en los hechos delictivos en sí.


La trama se centra en el jefe de esta organización, Arquímedes Puccio, y su hijo mayor, Alejandro, interpretados respectivamente por Guillermo Francella y Peter Lanzani, quienes lograron una notable transformación de sus dotes actorales. Detrás de la fachada de una típica familia del barrio de San Isidro, se oculta un siniestro clan dedicado al secuestro y asesinato. Arquímedes lidera y planifica los operativos. Alejandro, estrella del club de rugby CASI y jugador de Los Pumas, se somete a la voluntad de su padre para identificar posibles candidatos y se sirve de su popularidad para no levantar sospechas. Los integrantes de la familia son cómplices en mayor o menor medida, viviendo de los beneficios que obtienen de los suculentos rescates pagados por los familiares de los secuestrados. Mediante el uso de elipsis que sitúan al espectador en la Argentina de comienzos de los años ‘80, el film comienza con un discurso del entonces presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) en el juicio a las juntas militares (1985). Es un buen recurso para contextualizar los hechos, pero Trapero pretende también mostrar algo más profundo. Puede observarse como una reflexión sociológica: la evidencia de un funcionamiento social que la dictadura había sembrado con terror. La violencia, el disciplinamiento, el ocultamiento, la complicidad e incluso la indiferencia, como ha referido su director.

La historia previa de Arquímedes es muy importante: se cree que fue miembro de la Triple A, contactos que le servirían de protección para su accionar delictivo posterior, y años antes había sido diplomático de Perón. Para los vecinos del barrio, era un padre prolijo y trabajador al que llamaban “el loco de la escoba”, ya que era visto con frecuencia repasar la vereda dentro de su pijama en horarios poco habituales. En ese sentido, la elección de Francella resulta un acierto en la medida que se trata, como Arquímedes, de un tipo común, familiar, de apariencia inofensiva. Por la imagen que se tiene de él, seríamos incapaces de relacionarlo a algún delito. De esa manera logró un personaje intenso, de mirada intimidante, arrogante pero con cierta mesura.

Quien recibió excelentes críticas es Peter Lanzani con su papel de Alex, personaje clave en la articulación del relato. Es un chico que pudo haber optado otros caminos pero que termina sometido a la complicidad de su padre. A través de Lanzani, el público logra empatizar con Alex como con ningún otro personaje. Otro acierto del director, quien profundiza en su vida personal y va exponiendo sus transformaciones -tiene su trabajo, su equipo de rugby, sus amigos, conoce a su novia, cambia sus actitudes, planea casarse y viajar a Suecia-. Pero también lo es de manera análoga, seleccionando a una joven promesa en el ascenso de su carrera, en relación directa con la realidad del personaje representado.

Es para destacar la labor de fotografía e iluminación por la que se registra en cámara un clima sórdido y tenue, a la vez que familiar. Esto se potencia con el aura oscura que genera la mirada de Arquímedes, cuya frialdad es bien captada por los primeros planos a su rostro. Son recursos que utiliza también para destacar la incomodidad en la mirada de su hijo Alejandro de participar en esos delitos -los que, sin embargo, acepta y forma parte-.

La época está bien lograda por la vestimenta, los australes, las patentes negras y sobre todo por la música -Virus, Serú Girán, The Kinks- que termina de anclar al espectador en los '80, aunque en este aspecto el recurso por momentos resulta excesivo y contrarresta, posiblemente adrede, las escenas dramáticas que puedan resultar más agobiantes. El ritmo y la tensión crecen significativamente cuando promedia el film y llegan al clímax hacia el final con un desenlace impactante.

El clan llegó a las salas y se perfila como el estreno argentino más importante del año. El realizador, una de las voces más destacadas del llamado Nuevo Cine Argentino deja de lado la marginalidad social que caracteriza a sus historias y se atreve a explorar por primera vez tres géneros en uno: una historia verídica, de época y un policial. Si bien desde Mundo Grúa (1999) a la actualidad es evidente una transición hacia un cine más comercial o masivo, Pablo Trapero conserva su propio estilo: sus producciones continúan exhibiendo relatos atroces sobre sujetos que viven en los márgenes de la sociedad, donde el antagonista principal es el poder.



FICHA TÉCNICA

El Clan (Argentina, España, 2015). Drama. Policial. Thriller.

Duración: 110 minutos.
Distribuidora: Fox
Guión y dirección: Pablo Trapero
Elenco: Guillermo Francella, Peter Lanzani, Lili Popovich, Gastón Cocchiarale, Giselle Motta, Franco Masini, Antonia Bengoechea y Gabo Correa
Fotografía: Julián Apezteguía
Música: Sebastián Escofet
Sonido: Vicente D'Elía y Leandro de Loredo
Edición: Pablo Trapero y Alejandro Carrillo Penovi
Dirección de arte: Sebastián Orgambide.

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