jueves, 21 de abril de 2011

Informe: Julio A. Roca, entre el poder argentino y la metrópoli europea


Julio A. Roca
A fines del siglo XIX, en la llamada “Generación del ochenta”, considerada como el período formativo de la Argentina moderna, aparece Julio Argentino Roca en el centro de un proceso de irrupción de nuevos capitales y adopta una política librecambista en beneficio de la oligarquía liberal progresista -compuesta por la burguesía terrateniente- hacia las inversiones británicas. Habrá también una persecución a los gauchos e indios para incorporarlos como mano de obra barata; a su vez, aparecen contradicciones en la clase dirigente y surge una nueva dinámica en las clases explotadas: nacen los primeros partidos de izquierda en el país.
Por efecto de las recuperaciones industriales en Europa y Estados Unidos luego de que la estructura interna del capitalismo industrial europeo haya sufrido transformaciones, se incrementa la concentración financiera con la producción en grandes empresas, dando origen al capitalismo financiero, en los primeros años de la reciente segunda revolución industrial (1870). De esta manera nacen, además, los bancos Nacional e Hipotecario Nacional y construye el puerto de Buenos Aires.
La política económica de Roca no variará sustancialmente. De la dependencia comercial del capitalismo de libre concurrencia de las empresas, al tipo de capital monopolista-imperialista, surgen como resultado dos modelos de subordinación financiera e industrial sujeta a una situación semi-colonial de la Argentina.  Hacia 1874, la muerte del Ministro de Guerra, Adolfo Alsina, le ofrece la oportunidad de organizar una expedición contra los indios; prosiguió la matanza,  la cual consolidó definitivamente el latifundio y el ejército, que aumentó su peso en la vida social.
Tras este escenario se producen algunos levantamientos y rebeliones mitristas, y resulta electo Roca con el prestigio logrado, el apoyo del ejército, de un grupo de terratenientes bonaerenses y de las colectividades extranjeras con apoyo del mitrismo. Al finalizar su mandato, lo impone a Miguel Juárez Celman y como vicepresidente a Carlos Pellegrini. Se producen las primeras huelgas en Buenos Aires y surge “La Fraternidad” -sindicato ferroviario- en un contexto de incipiente crisis económica.
La oposición al “Unicato” juarista organiza la Unión Cívica de la Juventud (1889). En rigor, comienzan a caer las acusaciones sobre el equipo gobernante y las críticas a los banqueros ingleses, entonces la oposición organiza la Unión cívica con Aristóbulo del Valle, Bartolomé Mitre y  la presidencia de Leandro Alem.  La UC se rebela, con Roca y Pellegrini dirigiendo la represión, desplazando a Juárez Celman de la presidencia. Mitre había sido proclamado candidato por la Unión Cívica, pero finalmente llega a un acuerdo con Roca.
La gestión Roca-Pellegrini logró salvar la crisis preservando intactas las posiciones que el imperialismo inglés había conquistado en el país. La creación del Banco Nación, como fuente de crédito para la producción nacional, fue una de las pocas concesiones que lograron los estancieros. Hacia 1982, la UC, con Mitre como candidato, mostraba grandes posibilidades, entonces Roca maniobra para romper el aparato, ofreciéndole a Mitre la candidatura.
Así se crea la Unión cívica Radical (UCR), que postula a Bernardo de Irigoyen, un viejo estanciero bonaerense y político de prestigio. Los mitristas crean la Unión Cívica Nacional, pero su líder termina renunciando a su candidatura por ver lesionada su base popular, resquebrajada por la hábil estrategia de Roca.
El radicalismo, que sólo representa una variante democrática de la política de los estancieros, no presenta ningún candidato en 1898 y Roca, con el apoyo del Partido Autonomista Nacional (PAN), un partido liberal conservador que ejercía un liderazgo paternalista mantenido en el poder mediante el fraude electoral, logra su segunda presidencia.
 La expansión de la década del ’80 prefiguró la posterior estructura de clases de la Argentina y de los enfrentamientos sociales, propios de una sociedad moderna, y comienzan  a surgir los movimientos políticos y sociales que serían actores protagónicos de la historia nacional hasta 1930.
A diferencia de los habituales choques entre regiones o partidos, son los artesanos y obreros quienes ponen en cuestión al sistema total, el cual quieren radicalizar. La frecuente falta de trabajo, la caída del salario obrero, la abundante mano de obra que contribuye a deprimir aún más los salarios son las razones de la incrementada acción en los primeros grupos: los anarquistas, partidarios de la “acción directa” de las masas y la huelga general; y los socialistas respaldados en la acción política para lograr las reivindicaciones obreras. Tras una huelga general, nace la Federación Obrera Argentina.
En el flamante siglo XX se multiplican las huelgas generales de la clase obrera anarquista y crece el malestar rural; los chacareros se lanzan a una gran huelga contra los altos arrendamientos. Los radicales también organizan una rebelión en 1905 y el presidente Figueroa Alcorta liquida el Senado y las situaciones provinciales: Roque Sáenz Peña  promulga la reforma electoral que habilita a votar sólo a los hombres nativos argentinos.

Por Matías De Rose.

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